La Cascada

El sol brilla sobre el despejado cielo azul. El viento sopla, llevando la fresca briza con el olor a tierra mojada. Los grandes árboles verdes se mecen al ritmo del viento, como bailarines jalados por el viento. Siento la alta maleza en mis rodillas y su suavidad al pisar sobre ella, el crujido de las hojas secas y las brillantes piedras cubiertas con lama verde. Mariposas e insectos sobrevuelan las flores en los campos verdes, recibiendo a los nuevos visitantes. Observo los lagartijos reposando sobre la corteza café de los viejos árboles, y escucho a las aves cantando desde sus ramas. Ser parte del hermoso show de la naturaleza, mis sentidos se saturan con las delicias que excitan mi imaginación. Yo cierro mis ojos y siento como el aire llena mis pulmones en cada suspiro.

Esto es vida.

Camino a través del bosque acompañado del ruido del arroyo. Un pasaje formado por un domo de árboles me conduce a un pequeño pero bello valle donde el arroyo se convierte en cascada. Bajo hasta las orillas del arroyo y tomo un breve momento para disfrutar los alrededores con el único pensamiento de desvestirme. Mis pies descalzos sienten la lama de las piedras y el frío del agua, I mis pies se sumergen en la tersura y suavidad del barro. Los pequeños peces abren paso mientras avanzo. Poco a poco mi cuerpo se acostumbra a la temperatura y comienzo a nadar sintiendo la corriente contra todo mi cuerpo. Nado hacia la cascada y me detengo bajo el chorro.

Es bajo el chorro, donde no se permiten pensamientos bajo una sensación tan  abrumadora.

No cuestionas. Solo te está permitido sentir.

Te sientes libre, liberado del hábito de pensar.

M. Ch. Landa

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