¿Qué tan pronto es ahora?

Ya hemos esperado demasiado. Y para muchos, todas sus esperanzas se han ido. Nos hemos ido a casa y hemos llorado. Para la mayoría de nosotros, 2020 se ha sentido como estar atrapado en una canción de Los Smiths, una canción amarga. Estamos cansados ​​y queremos que COVID-19 desaparezca de nuestras vidas. Anhelamos la libertad. Queremos que las cosas sean como antes. Pero cada día que pasa, la luz al final del túnel parece estática, sin acercarse ni un centímetro. Por el contrario, sigue alejándose mientras cada soplo de esperanza se apaga en el aire frío del invierno.

“Tenemos que esperar” es la única respuesta que dan tanto los científicos como los gobiernos. Esperar a que la vacuna esté lista. Esperar a que se logre la inmunidad colectiva. O para algunos, esperar a que la enfermedad desaparezca mágicamente de nuestras vidas.

Desafortunadamente para nosotros, viviendo en este día y época, no estamos acostumbrados a esperar. Nuestras vidas apresuradas y la gratificación instantánea que brindan las redes sociales han creado una generación de individuos impacientes. Ponemos la paciencia fuera de nuestra lista de habilidades deseadas para obtener.

Hay una cita que dice: “La paciencia no es la capacidad de esperar, sino la capacidad de mantener una buena actitud mientras se espera”, y creo que eso es lo que necesitamos tener ahora mismo, una buena actitud hacia nuestras dificultades. En nuestra situación, la perspectiva puede serlo todo. Necesitamos desviar nuestro enfoque de lo que no está bajo nuestro control, como dijo el filósofo estoico y emperador romano Marco Aurelio, quien luchó durante 15 años contra la Plaga Antonina, “el impedimento de la acción hace avanzar la acción, lo que se interpone en el camino se convierte en el camino”. O como en la máxima del budismo, debemos asumir este desafío como un maestro, que está aquí para ayudarnos a cultivar nuestra paciencia.

Una cosa es segura, la raza humana está en guerra con un virus microscópico, y como dijo Mahatma Gandhi, “Perder la paciencia es perder la batalla”, o en palabras del proverbio chino, “Un momento de paciencia puede evitar un gran desastre. Un momento de impaciencia puede arruinar una vida entera”. Por eso, hoy más que nunca, necesitamos cultivar nuestra paciencia como seres humanos y ser comprensivos con quienes la pierden. La confrontación en estos tiempos inciertos solo conducirá al caos.

Aprendamos a vencer respirando lentamente, a afrontar minuto a minuto, día a día, hasta que hayamos despejado la oscuridad que nubla los cielos azules. Y si lo logramos, saldremos felices de este predicamento, no por dejar todo atrás, sino de saber que cuando la desgracia vuelva a llamar a nuestra puerta, seremos lo suficientemente más sabios para entender que la miseria es pasajera, y lo único que debemos hacer es ser paciente, porque en palabras de Platón, “la paciencia es el mejor remedio para todos los problemas”.

Espero que aprovechemos estos momentos de celebración navideña para compartir palabras de aliento entre nuestros amigos y familiares junto con nuestros buenos deseos. E incluso si no podemos reunirnos físicamente, aprovechar esta ocasión para recompensarnos a nosotros mismos y a los demás con el regalo especial de la virtud de la paciencia, porque como dice el proverbio suajili, “la paciencia acerca lo que está lejos”.

Les deseo a todos una paciente feliz Navidad y un perseverante año nuevo.

M. Ch. Landa

 

 

Foto por  Maksim Chernyshev  en  Scopio

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