¿Puede el suicidio liberarnos?

Toqué el timbre y esperé, pero mi amigo no abrió. Era extraño, ya que su auto estaba estacionado afuera de su casa. Toqué la puerta tres veces más y lo llamé. Después de unos minutos, el abrió la puerta y me invitó a pasar.

Las cortinas estaban cerradas y el lugar tenía un penetrante olor a alcohol y cenizas de cigarro. El se sentó y encendió un cigarro. Se veía pálido. No era de sorprender ya que se encontraba lideando con la separación de su novia de hacía años. Evité el tema y platicamos de cosas comunes y triviales. Tomamos un par de cervezas que relajaron el momento y posteriormente fuimos a comer. Después de eso lo dejé nuevamente en casa.

Años después, tomando un trago con él, mi amigo me confesó que aquel día que lo visité, él estaba a punto de suicidarse. Tenía la cuerda alrededor de su cuello y solo estaba esperando por dar el salto. Pero mi terquedad tocando a la puerta evitó que lo hiciera.

Lo salve… sin saberlo.

Con las recientes noticias acerca del impactante suicidio de Robin Williams, conceptos como depresión y suicidio vuelven a estar bajo la lupa. “¿Cómo alguien tan alegre como él puede suicidarse?” Me parece que esta frase resume los pensamientos de todos al respecto.

Disney compartió una imagen como tributo, titulada “Liberando al Genio”—una alusión al personaje de Williams como el Genio in Alladin. ¿Pero realmente está libre el genio?

Antes que nada: ¿Qué es la depresión? ¿Es física o psicológica?

La depresión es un desorden en el estado de ánimo—desorden bioquímico en nuestro cerebro—y básicamente es ambos, física y psicológica, funcionando como el dilema del huevo y la gallina con los estímulos y las respuestas—la línea es muy delgada y prácticamente inexistente a nivel cerebral. El problema es que se vuelve incremental en un ciclo en el cual una alimenta a la otra. Recuerden que los neurotransmisores (como la dopamina) actúan como drogas cuando se liberan en nuestros cuerpos, así que básicamente somos adictos a nuestras sensaciones.

Algunas personas son más susceptibles a desarrollarla por motivos fisiológicos (herencia, desbalances bioquímicos, o gente con ciertas condiciones, por ejemplo gente altamente creativa), y otras personas desarrollan el hábito—condicionamiento y estímulo-respuesta—para generar pensamientos depresivos a partir de experiencias traumáticas, que después de repetirlos infinitamente, ya no cuestionamos el comportamiento y creemos que somos nuestro comportamiento.

Existen muchas clasificaciones para la depresión, como la detonada por enfermedad, postparto o de temporada, pero todas trabajan de igual manera en el nivel más bajo: el hueco entre la satisfacción y la insatisfacción.

Todos sabemos cómo se siente estar deprimido, todos la hemos experimentado en diferentes niveles, así que de cierta manera es natural. ¿Pero cómo explicarla?

La depresión funciona dentro de una construcción de la mente.

 roller coaster

Para ello, me gusta usar la analogía de la montaña rusa: Si vamos a un parque de diversiones y nos formamos en la cola de la montaña rusa, mientras avanzamos seguiremos un camino con escaleras, subidas, bajadas y zigzags hasta que llegamos a la plataforma. En ese momento no sabemos realmente la altura a la que estamos del suelo. Podemos tomar esto como la “condición inicial” de nuestra vida: naces pobre o rico, saludable o enfermo, guapo o feo, no importa, porque desde la plataforma el suelo se ve lejos o cerca dependiendo lo que crea cada quien, es enteramente subjetivo. Nuestra mente establece esa condición inicial o estatus quo. Cuando el recorrido comienza pasaremos por subidas y bajadas, y la regla es simple: entre más alta sea la subida, la caída será más violenta y de la manera opuesta, una subida empinada será tardada y difícil. Entre más tiempo se pase en la cima, será más difícil el acostumbrarse a estar abajo y viceversa. Algunas personas encontrarán más dificultades durante el paseo, algunos lo disfrutarán. Como pueden percatarse, la mente es lo que nos dice si estamos arriba o debajo de la misma manera que establecemos las expectativas en nuestra vida.

Entonces, si estamos deprimidos y nos preguntamos a nosotros mismos, ¿por qué estamos deprimidos? La mente necesita crear un argumento sólido y convincente para justificar la depresión—y algunas veces lo logra—pero la mayoría de las veces, es la inhabilidad de la mente para entender la impermanencia de las cosas lo que causa el mayor daño.  La depresión no dura por siempre, se presenta en ciclos—los periodos más severos pueden durar meses—pero al final—como en la montaña rusa—tenemos que ir para arriba. Pero es en las bajadas donde los pensamientos suicidas acechan nuestra mente.

¿Es el suicidio—brincar de la montaña rusa en movimiento—la manera para terminar la depresión?

No lo creo. ¿Por qué estoy tan seguro?

Bueno, independientemente de la religión o creencias que tu tengas, morir es como ir a dormir—si tu mueres dormido la transición es imperceptible—, pero multiplicado 7 veces.

¿Alguna vez has tenido un día difícil en la oficina y te vas a la cama durante  tus sueños sin descanso revisas el problema una y otra vez? Algunas veces logras encontrar la respuesta—eres iluminado—, y otras veces—la mayoría de hecho—no la encuentras. Asi que si en el momento de tu muerte, tu tienes pensamientos de derrota, de vergüenza, odio, etc. Hacai ti mismo y rechazas tu existencia… Lamento decirte que de eso se tratará tu sueño (muerte.) Si tu eres una persona religiosa: Quiero preguntare, ¿cuántas veces sueñas con tu Dios? Porque ese puede ser un buen pronóstico para predecir si lo verás en caso de que te suicides. Y si tu respuesta es “muy a menudo,” ¿crees que el estará de buen humor? Todo indica que lo que verás es a tus seres queridos sufriendo por tu culpa—la representación  del sentimiento de culpa generado por la mente, aun cuando lo opuesto ocurra en la vida real.

Cada uno es amo de su destino, y esto incluye al suicidio. Algunas personas los llaman egoístas, por el dolor causado a la familia, sin embargo de la misma manera he sido testigo de las familias manteniendo a sus parientes muertos clínicamente en terapia intensiva motivados por el mismo acto egoísta para no dejarlos ir—es muy fácil culpar a la gente.

Al final del día todos morimos. Ayer (11 de agosto), Robin Wiliam cometió suicidio, en otro escenario él pudo haber muerto diez años después de Parkinson. Algunas batallas parecen menos dolorosas que otras, pero si no podemos escoger nuestras batallas, por lo menos podemos escoger como encararlos.

Yo logré llegar en el momento más vulnerable de la voluntad de mi amigo, y ahora mirando atrás, el episodio que se veía como el más negro de su vida, es de hecho solamente gris.

Robin esta ahora luchando por liberarse de sus demonios en el más allá—no en el sentido literal de la palabra—, y espero que su deseo de querer la vida se sobreponga. Como el, nosotros necesitamos entender que nadie puede liberarnos, si no lo hacemos nosotros mismos. Porque nosotros somos quienes ponemos los grilletes alrededor de nuestras muñecas. Y si escogemos luchar por ello, es más fácil librar la batalla aquí que en el más allá (recuerden la analogía del sueño.)

Finalmente, espero que para todos allá afuera, viviendo su momento más vulnerable en sus vidas, siempre exista alguien que llame a su puerta….

M. Ch. Landa

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