La chispa

El Diablo hizo su visita habitual ayer por la noche, y en el abrir y cerrar de ojos me encontraba sujetando mis cartas de póker nuevamente—una mano horrible como siempre.

“¿Cuál es el motivo de que siempre juguemos el mismo juego?” El me miró con sus ojos inquisidores mientras la yema de su dedo recorría sus cartas que aún se encontraban sobre la mesa. “El mismo juego que no puedes ganar,” añadió.

“Tú sabes que la mayoría de las veces, amor significa sufrimiento y sacrificio,” respondí evadiendo su mirada.

“Sí, lo sé. Entonces, ¿por qué no rendirse a la inevitable fuerza del destino? Nadie te culpará por renunciar, ya que todos experimentan lo mismo.”

“Porque me gusta apostar.” Contesté con determinación.

“¿Apostar en circunstancias donde solo la duda prevalece?” Sus palabras produjeron un eco en mi mente y me hicieron recordar que El me conoce, más que los amigos más cercanos o los familiares, con la precisión de un espejo que refleja mi imagen. “¿Puedes apostar a ciegas?” Susurró directamente a mi alma mientras se acercaba a mi con una sonrisa maliciosa.

“Puede ser—“ Contesté con voz titubeante, pero recuperé mi confianza después de una pausa donde recordé mi existencia como un moribundo que observa la película de su vida en el umbral de la muerte. “Porque ese diminuto momento cuando el amor significa gloria, vale la pena para sacrificar tu vida entera.” Confirmé decidido.

“¿Cómo puede estar tan seguro si no has llegado al final de tu vida?” Preguntó intrigado.

Mi mente se sintió atrapada, perdida en la vacuidad con no lugar a donde ir. Después de un respiro profundo mi ser fue invadido por un silencio elocuente que me condujo con una reunión inevitable con mi corazón. Las palabras brotaron de lo más profundo de mi alma como aves luchando por su libertad.

“Porque eso es lo único que la muerte no podrá arrebatarme.”

El diablo me observó inmóvil, petrificado. “Muy bien, entonces que así sea.”

El arrebató sus cartas de la mesa y cuando estaba listo para revelarlas yo abrí mis ojos desplazando la oscuridad y revelando el techo de mi cuarto. Mientras trataba de controlar mi respiración agitada, mi mente se hacía la misma vieja pregunta una y otra vez. Pero ya no importa, pues mientras el sol tenga el poder de brillar a través de mi ventada, me recordará la chispa de tus ojos. Hermosos ojos.

M. Ch. Landa

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