Winnie Pooh y el camino al Nirvana

El otro día compartí una cita en Facebook de un personaje muy poco común: Winnie Pooh, la cual decía “La gente dice que nada es imposible, pero yo no hago nada todos los días.” La frase era mencionada en el adelanto de la—en aquel entonces—película venidera, y fue muy gustado por mis amigos por la obvia connotación cómica, pero la verdad es que la compartí por el no tan obvio significado, implicando que el que muchas veces nos referimos como el oso ingenuo y torpe que “no tiene cerebro,” puede quizá esconder la elevada consciencia de un verdadero maestro Zen.

La nueva adaptación de Disney del famoso oso Winnie Pooh está proyectándose en cines en todo el mundo. Christopher Robin cuenta la historia de un adulto Christopher Robin quien dejó atrás su infancia mágica en el Bosque de los Cien Acres para lidiar con la crisis de la adultez, casi totalmente olvidándose de Winnie Pooh y sus amigos.

El principal objetivo de la película es obviamente capitalizar en la nostalgia de los fans como yo, quienes hemos seguido el oso a través de múltiples aventuras a lo largo de casi un siglo desde su creación en 1926.

Aun cuando la mayoría de los fans son atraídos por sus simples pero carismáticos personajes, en mi caso, yo me quedé por los significados profundos debajo de la trama sencilla.

Muchos han hablado en el pasado acerca de la complejidad psicológica de sus personajes, cada uno representando diferentes desórdenes mentales, pero yo quiero hablar sobre los elementos filosóficos y de trascendencia mostrados por Winnie Pooh.

Por ejemplo, en la cita mencionada con anterioridad, “La gente dice que nada es imposible, pero yo no hago nada todos los días,” quiero enfocarme en “nada es imposible,” y que reflexiones en cuán difícil es no hacer nada. Y no me estoy refiriendo a “huevonear”, ya que columpiar tu pierna que sobresale la cama, es hacer algo.

Aún más importante es pensar. Quienquiera que haya tratado meditar entenderá lo difícil que es silenciar la mente y enfocarse en una sensación en particular, porque esa es la naturaleza básica de nuestra mente, la cual nos jala hacia un torrente interminable de pensamientos. Este estado de atención plena popularizado de la meditación Vipassana (usada por Buda para alcanzar el Nirvana) es considerado como un estado elevado de nuestra mente que nos ayuda a transformar nuestra consciencia. Cortar el proceso de pensar y ser capaz de observar nuestras sensaciones sin engancharnos en el flujo de pensamientos es un gran reto debido a nuestras mentes adictas a los estímulos.

Pero de alguna manera esto no parece ser un reto para Winnie Pooh quien entiende muy bien como estar consciente de sus sensaciones (usualmente de su panza), permaneciendo siempre en el momento presente (hoy, su día favorito), y comprende la relatividad del tiempo (para él, ayer es mañana).

Como el ávido poeta (generalmente canturrea) del Bosque de los Cien Acres, Winnie Pooh siempre encuentra una manera de salir de los problemas pensando fuera de la caja, cambiando los paradigmas, siempre observando en su interior por el verdadero significado se la realidad que percibe.  Aún considerado ingenuo y torpe, el no cuestiona la realidad, la acepta como es.

Viviendo una vida modesta en el bosque, Winnie Pooh puede ayudarnos a entender lecciones invaluables para nuestra vida, pero como todos los maestros Zen, solamente si somos capaces de observar y descubrir los significados secretos de la realidad. O como Pooh lo resumió de mejor manera “Piensa sobre ello, piensa bajo ello.”

Así que la próxima vez que mires a Winnie Pooh, míralo con el respeto de un maestro quien puede ayudarte a encontrarte a ti mismo en este bosque de estímulos que llamamos la realidad.

«No estoy perdido, porque sé dónde estoy. Pero, sin embargo, donde estoy, puede perderse.»

M. Ch. Landa

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