¿Vida en Marte?

Con las recientes noticias acerca del descubrimiento científico de una cuerpo de agua líquida en Marte, todos se están preguntando sobre la posibilidad de finalmente confirmar la existencia de vida fuera del planeta Tierra. Pero estas no son buenas noticias para todos, para científicos pesimistas esto puede significar la corroboración de la Paradoja de Fermi—si no sabes de lo que estoy hablando, por favor hazte un favor y Googlealo—, y para un segundo grupo de personas religiosas, significa que la vida se puede gestar por si misma fuera del alcance de Jesús, Mahoma, Buda o cualquier otro profeta que monopoliza la explicación de lo incierto a través de los “divino.” Y en esta ocasión quiero enfocarme en este último.

Quiero pensar que la mayoría de ustedes han escuchado hablar sobre el escritor norteamericano llamado H. P. Lovecraft y su más famosos trabajao titulado “El Llamado de Cthulhu” publicado en 1928. Lovecraft es uno de los escritores más prominentes en el género de horror literario, pero la mayoría de las veces se refieren a él como un “escritor de horror” aun cuando el género realmente no existe en literatura—contrario al cine u otros medios. Pero, ¿qué era tan terrorífico acerca de Lovecraft que hizo a la gente pensar de esa manera?

De hecho, la idea más terrorífica propuesta por Lovecraft era la existencia de seres fuera de este mundo para los cuales la especie humana sería como cucarachas comparada con ellos. En otras palabras, que el ser humano no era el centro de la creación de Dios.

¿Por qué es esta idea tan amenazante e impresionante para nuestro raciocinio?

Si no somos el centro, no la meta pero una consecuencia, ¿somos menos querido por Dios? ¿Menos importantes?

Muchos estudios han abierto la posibilidad de que la necesidad de creer en una deidad es solo un proceso bioquímico de nuestro cerebro desarrollado a través de milenios, tal vez para asegurar la supervivencia de la especie: liberar la ansiedad de portar la carga de nuestro destino sobre nuestros hombros y transmitirla a un hipotético sabio anciano barbudo sentado en una nube por encima de la mundanidad de este mundo.

Entiendo que para muchos—con personalidad ansiosa—la idea de tener un control universal puede ayudarles a soportar la realidad diaria, pero temo decirles que la única constante cierta en este mundo es la falta de orden o predictibilidad y un gradual declive hacia el desorden, personificado en la entropía.

Así que en vez de imaginar este hombre sabio, sería más apropiado imaginar un infante como el gobernante de nuestros destinos. Infante viene del latín infans, que significa “Incapaz de hablar” (alguna vez te has preguntado por qué Dios nunca responde a tus rezos) y se relaciona con la edad en los recién nacidos o niños pequeños que no pueden comunicarse formalmente, y para los cuales encuentran igual fascinación en la creación que en la destrucción, ellos pueden acariciar a un perro o aplastar hasta asfixiar a un pollito, conducidos por sus impulsos—inocentes.

Entonces, ¿debemos dejar de creer en milagros y creer en accidentes?

Yo considero que como humanidad necesitamos ser más humildes y aceptar el hecho de que nuestra existencia es un accidente dentro de este billar cósmico al cual llamamos Universo. Pero somos el accidente más hermoso que el universo puede atestiguar: que contra todas las probabilidades, en esta pequeña esfera azul colgada en la inmensidad de la oscuridad, la luz de la vida aún está brillando. Pero quizá nosotros no seamos los únicos. Más velas pueden existir fuera de nuestro vecindario, iluminando el cosmos como lo hacemos nosotros.

Todos los días cuando te despiertes, reconoce el milagroso accidente que te brinda la oportunidad de ser humilde y aceptar el regalo que se te fue dado—no por Dios sino por la causalidad, que no lo hace menos sorprendente—y contribuye a esta existencia. Sé mejor. Sé más sabio. Nunca dejes de sorprenderte por las maravillas del conocimiento y la existencia. Y nunca desperdicies un día de tu vida, porque eres solamente tú quien está en total control de ella.

Y si un día te sientes como un hijo no querido por tu Dios, por favor recuerda que los hijos no deseados de padres descuidados pueden también conseguir cosas grandiosas en este mundo. No necesitas a nadie más que a ti mismo. Sé cómo la Tierra y demuéstrale al universo que contrario a todas las posibilidades, tú también puedes triunfar.

M. Ch. Landa

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