Quiero Alas

Cuando era un niño me fue contada, como a muchos de nosotros, la historia bíblica de Adán y Eva que básicamente explicaba como Dios creó a Eva a partir de la costilla que sustrajo de Adán. Además fui instruido acerca del concepto del Cielo, que era representado como un lugar en las nubes donde todo es hermoso y todos son felices. El propósito de nuestras vidas como creyentes es el hacer las acciones correctas para ser digno de entrar al Cielo después de la muerte, ellos me explicaron.

En aquel entonces resolví—con mi imaginación infantil—el acertijo de cómo alcanzar el cielo. Mi razonamiento me dijo que ya que el cielo es un lugar en lo alto y sus residentes son en su mayoría ángeles, necesitaría un par de alas para llegar hasta él. Pero, ¿Cómo se suponía que obtendría un par de extremidades emplumadas para pegarlas a mi espalda?

Entonces recordé que el cielo bíblico y el paraíso bíblico se usan de manera intercambiable en las escrituras, en otras palabras, son el mismo lugar. Así que, si nuestros ancestros Adán y Eva, fueron una vez expulsados del paraíso ellos debían de tener alas. Pero como la costilla de Adán fue extraída para crear a Eva, cada uno tenía solamente un ala en vez de dos, razón por la cual ninguno de ellos—o de nosotros como descendientes de ellos—puede volar. Tal vez el ala esté aún ahí pegada a nuestra costilla pero es invisible a simple vista, pensé.

Esa línea de pensamiento me condujo al siguiente misterio… ¿cómo se supone que un humano vuele al cielo con solo una ala?

Entonces me contesté a mí mismo: ¿Qué tal si dos humanos sujetan sus manos y sincronizan sus alas para volar como uno? Eso me hizo sentido, y explicaba la razón de la unión de parejas y el propósito del matrimonio. Pero aún había un problema, no podía ser cualquier persona. No podía ser un alma ansiosa que te dejase atrás ni un alma floja que te retrasara. No podía ser un alma pesada que te jalase abajo ni tampoco un alma más liviana a la cual tuvieses que sujetar de sus pies. Debía ser un alma complementaria, un alma gemela, ya que viajarías hombro a hombro, y tu deberías hacer lo mismo que esperaras que hicieran por ti.

Al llegar a esa conclusión decidí embarcarme en la búsqueda por esa alma.

Ahora volteo atrás y me percato que tal vez solo estaba expandiendo la mitología, haciéndola mía. Pero también llegué a la conclusión de que como humanos, algunas veces necesitamos creer en algo.

No porque sea verdad, sino porque somos poetas. Y la poesía es acerca de la belleza.

¿Y qué es la vida si no es bella?

M. Ch. Landa

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