Marketing Eclesiástico

La destitución del Papa Benedicto y la ascensión del Papa Francisco al trono de San Pedro responde a muchas cosas orquestándose dentro de la Iglesia. En mi caso, como mercadólogo, estoy intrigado por cuestionar esto como una estrategia mercadológica para incrementar—o recuperar—adeptos. Por lo cual me pregunto si el publicista y encargado de relaciones públicas del Papa quizá compartió dormitorio con el publicista de Lady Gaga, Miley Cirrus o el clan Kardashian en una de las escuelas de la Liga Ivy.

¿Por qué lo digo? Por las recientes declaraciones del Papa que quizá puedan ganar jóvenes adeptos pero como la mayoría de las relaciones públicas, las declaraciones están sujetas a contradicciones. ¿Debe la Iglesia preocuparse por esto? Me parece que de hecho si, debido a que pone en peligro los dogmas de Fe en los cuales su religión entera está sustentada.

Citando al Papa Francisco: “Cuando leemos acerca de la creación en el Génesis, corremos el riesgo de imaginar que Dios era un mago, con una varita mágica capaz de hacer todo. Pero no es así.” Una frase que reconoce la teoría del Big Bang y del Evolucionismo de las especies.

El problema aquí es que el Dios que la Iglesia ha vendido tan fervientemente por los pasados dos mil catorce años es un Dios creacionista. Con esa declaración, en el abrir y cerrar de un ojo, su Dios (Jehovah o Yahweh) cayó unos peldaños en el “Panteón de los Dioses de todas las religiones,” porque un dios que crea por generación espontánea tiene un poder mayor que uno que requiere la evolución y la creación por el Big Bang, ¿verdad? En otras palabras Zeus esta sobre Jehovah, ¿Verdad?

Bueno, más allá de la broma mencionada, el verdadero problema en estos menesteres es que la Iglesia concedió el rango de Dios a Jesús por los milagros que el hizo… como convertir el agua en vino, la multiplicación de los peces y el pan y la resurrección de los muertos… con su varita mágica, ¿verdad? Claramente, esta imagen de Jesús realmente nos recuerda más a Harry Potter que a un Profeta.

Sé que existen científicos brillantes dentro de los rangos del Vaticano, un ejemplo de la contribución de los hombres de la Fe a la ciencia puede ser rastreada a través del tiempo con figuras como Gregorio Mendel. Pero entonces yo pregunto: ¿Dónde están esos consejeros científicos para revisar los discursos del Papa? Acaso no le dijeron que la Teoría del Big Bang explica la creación sin la ayuda de un dios y lo más similar a uno es una pequeña partícula sub atómica y el campo que ejerce a las otras para ganar masa?

¿No le habrán dicho que al nivel del Big Bang el milagro de la vida es solo una cuestión de posibilidad por una infinita repetición de prueba y error? Que en ese escenario: el pecado, el cielo y el infierno es irrelevante y los fenómenos astronómicos pueden erradicar nuestra raza entera—y la iglesia consigo—sin importarle un bledo? ¿Qué la gente no necesita tener fe para poder sobrevivir? (Y mucho menos donar dinero para sostener la compleja infraestructura espiritual que significa la iglesia.)

Ciertamente no lo hicieron, debido a que el Papa de igual manera declaró: “El Big Bang, que actualmente es propuesto como el origen del mundo, no se contradice con la creación divina; por el contrario, la requiere.”

Tristemente como ya lo expuse, no veo otra cosa que contradicción. Que está bien si quiere hacer pensar a las personas y romper el paradigma religioso… lo que significaría el final de su modelo de negocio. Esto me intriga aún más, porque viene de la institución que se ha dedicado a oscurecer la verdad por los milenios pasados. La otra opción, es que ellos consideren a la gente lo suficientemente estúpidos como para no cuestionarse, y que revelaría esto como una estrategia publicitaria—razón por la que este tema cae en la categoría de marketing en vez de religión.

Si en una cosa la iglesia católica se ha probado capaz es en sus capacidades de adaptación—¿alguien pensó en evolución? ¿Raro, no creen?—que les permitió sobrevivir a la persecución durante el imperio Romano, la invasión bárbara, la caída de la monarquía, la revolución del pensamiento y la era digital. Así que tal vez en el final permanezca de pie, a pesar de las creencias religiosas. ¿Estaremos contemplando otro capítulo en la adaptación de la Iglesia?

El modelo de negocio en las religiones funciona convirtiendo clientes y entonces estableciendo la estrategia de retención (compra repetida.) Pero hablando en términos de marketing, nada decepciona más a un cliente que expectaciones insatisfechas y más importante aún, las promesas no cumplidas.

¿Acaso esta nueva empresa ideológica que se gesta dentro del Vaticano logrará satisfacer las expectativas y promesas hacia sus consumidores?

M. Ch. Landa

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