Lo mejor que puedes hacer el día de hoy.

¿Qué es lo primero que haces al despertar y que es lo último que haces antes de ir a dormir?

Lo más probable es que tú ni siquiera seas consciente de ello. Puede ser cualquier cosa: ir a orinar, prender o apagar el televisor o beber un vaso con agua. ¿Pero por qué eso debe de importarnos?

De la misma manera que la atractiva portada de un libro nos atrae a mirar las primeras páginas del libro o el clímax al final del episodio de nuestra serie favorita de televisión nos hace sintonizar el próximo episodio, los días de nuestra ordinaria vida se conforman por nuestras expectativas y la actitud que tenemos.

Las expectativas son la preconcepción de cómo nuestra día será (bueno, malo, sorprendente, frustrante) y la actitud es como encaramos esa realidad cuando la confrontamos. ¿Acaso nos desmoralizaremos cuando encontremos que el día que esperábamos fuese genial terminó siendo el peor día del año? ¿0 seremos capaces de aprovechar toda la felicidad de un mal día que resultó convertirse en uno grandioso?

Hay cientos de recetas allá afuera de cómo crear nuestro día, que van desde rezar, meditar, ejercitarse, etc. Las mismas las cuales estas muy ocupado o eres muy flojo para practicarlas de cualquier manera, así es que te recomendaré la más simple—pero efectiva—de todas ellas. Y es tan increíble que aún practiques alguna de las antes mencionadas, esta actividad no se contrapone con ellas.

La receta es sencilla, todo lo que debes hacer al despertar o antes de ir a dormir es pararte frente a un espejo y sonreírte a ti mismo. Eso es todo. Sonríete a ti mismo sin ningún propósito en la mente. Sonríete a ti mismo sin compromisos. La única regla es que debes regalarte la mejor sonrisa que tus labios puedan producir.

¿Qué pasa si estoy triste o no estoy de humor? Te podrías preguntar. En ese caso tienes que fingir ser la persona más tontamente feliz en el mundo y darte la sonrisa más loca y amplia que puedas.

¿Por qué? ¿Con qué propósito? Te podrías preguntar de igual manera.

Pasamos nuestros días tratando de agradar a la gente de la oficina, a la familia, a nuestros amigos e inclusive a desconocidos que encontramos en todas partes, pero olvidamos agradar y dar reconocimiento a la persona más importante en el universo para nosotros. Agradarnos a nosotros mismos. Agradarnos a nosotros mismos por el duro trabajo que hacemos diariamente desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Con el tiempo practicaremos y memorizaremos nuestra sonrisa como actores y actrices, y cuando un mal día se atraviese en nuestra vida, sonreiremos naturalmente y lo confrontaremos lo mejor que podamos. No porque esta sea una receta mágica hacia la felicidad, sino porque sonreírnos a nosotros mismo todos los días, reconocemos que la vida no es fácil y nunca lo será, pero si alguien puede lograrlo, esa es la persona en el espejo.

¿Cuántas veces te has sonreído el día de hoy?

M. Ch. Landa

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