La Casa al Final del Jardín

Yo me considero una persona de razón. Pero algunas veces existen pequeños huecos en los hechos que no pueden ser explicados con la lógica del mundo como lo conocemos. La casa al final del jardín es uno de ellos.

Hace años fui contratado por una empresa establecida en un gran almacén que tenía una casa en la parte trasera de su jardín. La casa había sido construida por el anterior dueño de la propiedad, concebida como su casa de descanso para los fines de semana, pero jamás fue terminada.

Todos los empleados se referían a él como El Gordo, y cuando pregunté al respecto, todos dijeron, “Ya lo conocerás.”

Todo iba bien con mi trabajo hasta que cosas extrañas comenzaron a pasarme. Las cosas se desaparecían misteriosamente un día y aparecían días después en el preciso lugar donde habían sido dejadas. La puerta de mi oficina se cerraba por si misma conmigo adentro. De igual manera comencé a ver personas pasando detrás de mí en el reflejo de mi computadora cuando no había nadie ahí. Intenté de encontrar explicaciones lógicas a ese tipo de fenómenos, aun cuando en verdad no sabía cómo.

No era raro estar laborando serenamente cuando los gritos de desesperación de una de las chicas resonaban. Siempre corría de la oficina al área de producción pensando lo peor—un accidente en la línea—pero siempre encontraba a las chicas en shock o inconscientes sobre el piso. Después de calmar a las víctimas—o despertarlas según fuese el caso—preguntaba qué era lo que había pasado y siempre obtuve la misma respuesta. Ellas decían haber estado trabajando normalmente hasta que se dirigieron afuera—en su mayoría a fumar—a través de la puerta trasera de la bodega que era el acceso a la casa al final del jardín. Cada una de ellas relataba haber visto a un hombre gordo acercándose a la ventana de la habitación principal en la segunda planta de la casa y llamarles. Después de contar su historia, las chicas usualmente se retiraban a su casa y la mayoría jamás volvía, ni siquiera para reclamar el pago por su trabajo.

Decidido a demostrar una explicación detrás de los sucesos, deduje que tal vez las chicas podrían estar influenciadas por las historias contadas acerca del fantasma lo que causaba una sugestión. Ideé una manera para estadísticamente probar mi hipótesis. La mayoría de las chicas trabajando  en la empresa eran contratistas trabajando por un tiempo determinado según lo demandara el proyecto. Esto causaba una alta rotación de personal y muchas de ellas eran nuevas y no estaban conscientes de la historia, así que comencé a registrar las descripciones del fantasma, este Gordo, después de que las asustaban. El resultado fue que la descripción de todas concordaba en un 100%. Todas lo describían como un hombre gordo y calvo, muy alto y de tez blanca, y mencionaban particularmente la misma risa malévola con dientes chuecos que concordaba con la descripción de los vecinos que lo conocieron en vida.

Yo siempre fui uno de los primeros empleados en llegar al almacén y muchas veces me cruzaba en el camino con el vigilante del turno nocturno. Un día que llegué temprano entré a la bodega—pues yo tenía las llaves de la puerta principal—y mientras entraba vi la televisión del vigilante encendida y a todo volumen, así que pasé a mi oficina a dejar mis pertenencias y regresé al piso de producción y me dirigí hacia la televisión a darle los buenos días al vigilante. Mientras caminaba vi y escuché las noticias en el televisor y cuando di la última vuelta para pasar una columna de concreto el televisor se apagó. Quiero remarcar que no se trataba del sistema de apagado automático, el televisor era viejo, de hecho tan viejo que necesitaba girar la perilla completamente, primero bajando el sonido y se apagaba al final.

Me quedé petrificado frente al televisor por un largo minuto observando la pantalla, tratando de identificar algo extraño en el reflejo cuando alguien llamó a la puerta principal. Era el vigilante que me dijo que no había podido venir en la noche debido a que uno de sus hijos se había enfermado.

Después recibí la más desagradable de todas las llamadas. Era el contador de la empresa que trabajaba en un edificio diferente de la compañía, un kilómetro después por el mismo camino. Él me pidió el buscar unos documentos del archivo muerto con urgencia debido a una auditoría, a lo cual respondí que , pero después reveló que el archivo muerto estaba guardado en… la casa al final del jardín.

Yo era uno de los pocos empleados que nunca había visto a El Gordo, así que sin mucha opción pensé que ese sería el día para finalmente conocerlo. Esa tarde llovía por lo que tomé una sombrilla y me dirigí a la casa con mis ojos fijos en la ventana.

Cuando abrí la puerta y puse un pie en el interior de la casa sentí como una sensación abrumadora me invadía. Era algo que jamás había sentido, se sentía como si hubiese mucha gente mirándome, como cuando te paras frente a un público y todos los ojos están sobre ti. Pero yo sabía que solo había un par de ojos observándome. Los ojos de El Gordo.

El interior de la casa estaba descuidado y sucio, la casa era puro concreto y enjarre sin ningún acabado. Había demasiados ruidos debido a las goteras del techo.

Inspeccioné el primer piso rápidamente tratando de completar mi encomienda e irme lo más rápido posible pero para mí mala suerte me percaté que los archivos se encontraban en el segundo piso y un escalofrío que recorrió toda mi espalda me dijo que se encontraban en la habitación principal. Así que respiré profundamente y subí las escaleras y me dirigí a la habitación.

Ghost02

Empujé la puerta rechinante que reveló el cuarto abandonado con cajas apiladas alrededor de todas las paredes. Me di cuenta que ninguna persona física podría pararse frente a la ventana como las chicas lo describían pues lo impedían las cajas, pero me acerqué a la ventana para observar desde ahí la vista que tenía El Gordo del almacén.

Rebusqué dentro de las cajas por los papeles solicitados lo más rápido que pude volteando detrás de mi cada diez segundos. Finalmente sostuve los papeles solicitados en mis manos y me puse de pie admirando a través de la ventana en la pared opuesta del cuarto que encuadraba la vista del jardín con su alto césped y al fondo un alto árbol con una única rama gruesa con un trozo de cuerda colgando de ella.

Los vecinos cuentan que el propietario—El Gordo—estaba casado y era un próspero hombre de negocios. Su esposa se enamoró de un taxista con el cual engañaba a su marido. Ambos idearon un plan para deshacerse de él que consistía en darla cantidades diarias de veneno en sus alimentos hasta que finalmente enloqueció. El Gordo se enteró del engaño de su esposa y durante su último episodio de locura en aquella casa el corrió a aquel árbol y se ahorcó. Al día siguiente la policía cortó la cuerda pero abandonaron el nudo y con el tiempo la rama creció y absorbió el nudo, dejando asomar únicamente un pequeño trozo de la cuerda colgante hasta este día.

Fue ese paisaje que vi a través de la ventana el último que El Gordo vio. Recordando su historia pude sentir nada más que lastima por él, preguntándome cuanto dolor habrá soportado. Entonces abandoné la casa con los papeles en mano y desde la puerta del almacén miré atrás a la ventana una vez más esperando verlo para decir lo siento, pero él nunca apareció.

Nunca regresé a esa casa de nuevo y aunque el continuó asustando gente es ese lugar, El Gordo nunca más volvió a asustarme.

Después de su suicidio, su esposa vendió la propiedad, y los vecinos dicen que huyó de la ciudad en compañía de su amante el taxista a gastar el dinero.

Dondequiera que ella este ahora, espero que tenga sueños inquietos como los que tuvieron todos los que vieron al hombre en la ventana de la casa al final del jardín.

Sueños de atrapamiento y libertad en la forma de una horca.

M. Ch. Landa

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