Juzgando el Pasado

“El pasado no tiene poder sobre el momento presente”, escribe Eckhart Tolle, quien al igual que muchos otros autores de autoayuda, reconoce cómo aferrarse a nuestras experiencias pasadas dificulta nuestro desarrollo personal, y son estos autores quienes nos alientan a centrarnos en el momento presente como medio de autorrealización. A pesar de haber ganado popularidad en los últimos años con el advenimiento de los gurús de la autoayuda y la práctica de la atención plena, este concepto no es nuevo y se concibió por primera vez dentro del budismo y la filosofía, y se resume mejor en las palabras de Buda: “no vivas en el pasado, no sueñes con el futuro, concentra la mente en el momento presente.”

Estoy personalmente de acuerdo. Como humanos necesitamos liberarnos de las cadenas y prisiones de la mente que nos impiden alcanzar nuestro potencial. Sin embargo, identifico una trampa potencial en el enfoque seguido por la mayoría de los entusiastas de la autoayuda, cuando la mayoría de las veces este “corte de lazos” con el pasado viene sin un aprendizaje profundo y termina convirtiéndose en una ilusión.

Si estamos cortando los lazos con nuestro pasado, primero debemos emitir un juicio para decidir qué recuerdos estamos eliminando. Pero este juicio se vuelve complicado cuando la mayoría de las veces no podemos eliminar la subjetividad de nuestro análisis, y terminamos juzgando con base a la información/estándares de hoy, en lugar de usar el contexto de la época y los aprendizajes producidos.

Hoy en día, la cultura de la cancelación ha derribado estatuas, cambiado los nombres de los edificios y desacreditado los logros de aquellas figuras históricas que, bajo la luz actual, se consideran irredimibles según los estándares actuales. La sociedad está más interesada en ajustarse a los estándares culturales que en transmitir las lecciones aprendidas a las nuevas generaciones, aplicando una capa adicional de sesgo que nos impide alcanzar la objetividad histórica.

Friedrich Nietzsche solía decir que “somos atacados por ideas que conquistamos hace mucho tiempo”, pero en lugar de escuchar las voces de la historia, luchamos contra esas ideas de nuevo. Por ejemplo, los altos niveles de migración, el choque de culturas, religiones y razas están gestando sentimientos nacionalistas en todo el mundo. Esto no es sólo un síntoma de renovado nazismo, porque este comportamiento es un tribalismo exacerbado, observado incluso desde la antigüedad.

No podemos convertirnos en hombres y mujeres renovados si somos incapaces de reconocer y aceptar primero quiénes fuimos en el pasado y, a partir de ahí, definir quiénes queremos ser en el futuro. Incluso en los negocios, esto se denomina análisis de “brecha” en el que se juzga el rendimiento frente a la situación anterior o la línea de base. Entonces, en lugar de cortar los lazos con él, debemos hacer las paces con el pasado, tanto individualmente como en sociedad. Como se considera en los negocios, necesitamos encontrar soluciones, no culpables. Culparnos a nosotros mismos o a los demás no cambia nuestro presente ni nuestro futuro. La prevención es la clave aquí. Y para tener éxito en prevenir que surja una situación, necesitamos convertirnos en estudiantes del pasado.

Con la noticia reciente de Vladimir Putin reconociendo la independencia de un par de estados ucranianos y la anexión previa de Crimea, muchos expertos gritaban “lobo” (haciendo alusión a la historia de Pedro y el lobo), ya que muchas de las señales tenían paralelismos con cómo comenzó la Segunda Guerra Mundial y otras guerras. Entonces, este es el momento en el que podemos responder de manera diferente. De manera similar, en el espacio personal, debemos ser conscientes de las señales que predicen nuestro comportamiento no deseado.

Necesitamos enseñarnos a investigar el pasado solo como fuente de conocimiento, como medio de aprendizaje, porque cualquier otro fin solo nos distraerá de nuestro presente. Entonces, el punto no es romper los lazos con nuestro pasado, sino hacer del pasado nuestro aliado. Un aliado que nos ayudará a librar nuestras futuras luchas. O, mejor dicho, a evitarlas.

No debemos pelearnos por el pasado sino discutirlo.

Nunca olvides que dialogando y debatiendo es como nació la civilización en Atenas.

M. Ch. Landa

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