Es MÍO

Antes del Amanecer de la Civilización existía violencia en su más tangible forma—Guerra. Algunas personas creen que el ser humano es  inherentemente violento. Y el temperamento humano es un reflejo de sus instintos animales reprimidos durante el proceso de domesticación.

Cuando nacemos nuestras madres suministran nuestras necesidades básicas para sobrevivir, y nosotros generamos la dependencia al ciclo. Después cuando crecemos, desarrollamos la imagen del “Yo” para diferenciarnos de los demás, que posteriormente se conoce como propiedad. Tenemos “nuestra” madre, “nuestra” comida y “nuestro” techo. En la sociedad que crecemos este sentimiento evoluciona en territorialidad y competencia, el concepto de adversario incluye cualquier diferente a nosotros, algunos piensan en color de piel, otros en sexo, capacidad o creencias. Creemos que es nuestro derecho poseer las cosas, pero no nos percatamos que llegamos solos y desnudos a este mundo, e inclusive nuestra madre o nuestros hijos no son nuestra propiedad.

El concepto de propiedad de la madre evoluciona en el de “Madre Patria,” un concepto enseñado a los niños alrededor del mundo transformándolos en soldados, inventando fronteras, gobiernos, dinero y religiones. La palabra soldado se refiere al miembro de un país, y en unos lenguajes se deriva de la palabra guerra.

La verdad es que nadie conoce con precisión las causas de la guerra, pero la mayoría de los seres humanos conoces sus efectos. Yo los he visto—en los ojos de la gente—ojos llenos de iram odio, tristeza, dolor, desesperación, locura, sufrimiento, que nubla su visión al grado de no ser capaz de reconocer a si “propia” madre.

Entones, ¿por qué los soldados combaten? ¿Por qué los humanos pelean?

¿Es justo luchar por un país o una tierra que alguna vez fue una sola entidad sin divisiones llamada Pangaea? ¿O por una planta o animal que jamás expidió un certificado de propiedad al hombre?

¿Quién o qué nos da el derecho de llama “MÍO” cualquier cosa más allá de nuestro cuerpo?

¿Son esas líneas, divisiones, posesiones y fronteras reales fuera de nuestras mentes?

M. Ch. Landa

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