Entonces, sobreviví al COVID… ¿supongo?

Durante sus primeros días, 2022 me ha traído muchas sorpresas, y una de ellas fue recibir la nueva variante de COVID Ómicron, que se está extendiendo salvajemente por todo el mundo. En mi caso, lo que primero se diagnosticó como una infección de garganta causada por una bacteria, la ineficacia de los antibióticos y la prueba de laboratorio reveló, lo que resultó ser, la nueva cepa de COVID Ómicron (además del germen).

A pesar de que ya me habían vacunado dos veces, tenía algunos síntomas que iban de leves a severos (ninguno amenazaba mi vida, debo enfatizar), siendo el dolor en la garganta el peor de ellos. Literalmente se sentía como si estuviera arrastrando cuchillas a través de mi garganta cada vez que tragaba saliva, y ningún analgésico podía mitigar la sensación. Esto fue particularmente frustrante para mí por la noche, dándome un par de noches sin dormir la semana pasada.

Afortunadamente, puedo decir que casi todos los síntomas ya desaparecieron. Me siento casi tan bien como antes, y ahora espero un futuro brillante después de COVID… ¿o no? Quiero decir, hay uno, ¿verdad?

Recuerdo en 2020, la primera vez que nos encerramos, el énfasis estaba en aceptar la idea de “una nueva normalidad” con un mundo imaginado con menos iteración social y cubrebocas obligatorios para todas las actividades. Durante los meses posteriores, el tremendo esfuerzo de los gobiernos y las compañías farmacéuticas dedicados al desarrollo de vacunas para el COVID pudo acortar los ciclos de fabricación y pruebas para acelerar la entrega al mercado. Este esfuerzo de inmunización (especialmente en los países desarrollados) permitió a la gente tener una impresión más optimista de cómo será nuestro futuro después de COVID, y la esperanza de que el capitalismo ha salvado el día una vez más y podemos volver a nuestra “vieja” normalidad.

Actualmente nos encontramos en un período de adaptación en el que estamos “forzando” la “normalización”, pero, aunque sea difícil de aceptar, poco ha cambiado en el vasto esquema de las cosas. Es verdad, podríamos tener nuevas vacunas más efectivas para combatir las nuevas cepas del virus en los próximos años, hasta que disminuya la peligrosidad percibida del contagio. Sin embargo, de todas las supuestas “lecciones aprendidas” que enumeraron especialistas durante el confinamiento para esta “nueva” humanidad más consciente, lamentablemente no hemos logrado ninguna.

Los mercados húmedos reabrieron en China sin regulación adicional sobre el manejo de especies para evitar que se repita el mismo escenario. La depredación a las especies y ecosistemas responsables de que muchos de estos virus salten del mundo animal al humano no ha disminuido. Por el contrario, volvió recargada. A pesar de nuestra preocupación por la disminución de la tasa de mortalidad causada por COVID, la tasa de mortalidad de otras enfermedades aumentó y, lo que es peor, la tasa de natalidad aumentó, especialmente para los países subdesarrollados. Y la lista sigue y sigue…

Y lo entiendo, todos sufrimos colectivamente la nostalgia de nuestra forma de vida pasada, pero incluso si nos encantó, no significa que fuera correcta.

Incluso si estamos sobreviviendo al COVID, debemos dejar de ver esto como otro “logro desbloqueado” y reflexionar realmente sobre las lecciones que debemos aprender como especie. Porque los brotes de virus aumentarán su frecuencia proporcionalmente al desequilibrio que le provoquemos a nuestro ecosistema. Tal vez no deberíamos preocuparnos más por producir la próxima generación de vacunas que por cómo detenemos el cambio climático. Porque tanto en el mundo como en el cuerpo humano, todo está conectado, aunque no lo parezca.

M. Ch. Landa

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