El Traje Nuevo del Emperador

Muchas veces, como la mayoría de ustedes, despotrico sobre la incompetencia de los políticos y los empleados del gobierno, no con tanta frecuencia como solía hacerlo en el pasado, o al menos no en las redes sociales. Pero lo que hace que la situación sea más irritante a veces es la obviedad de los problemas o las soluciones, aunque parece que los políticos en el poder no pueden verlo o se niegan a verlo, simplemente porque es más fácil hacerse de la vista gorda sobre el asunto.

Y con las elecciones asomándose en el horizonte, es que me planteé entender este fenómeno colectivo que afecta no solo a los gobiernos sino también a las empresas privadas y demás jerarquías sociales.

Especulé sobre las posibles causas, preguntándome si podría ser la apatía, el nepotismo, la corrupción o cualquier otro de la interminable lista de sospechosos habituales, pero encontré la respuesta que buscaba en una obra de ficción.

Recientemente leí una compilación de cuentos de Hans Christian Andersen que contenía sus historias más conocidas, como La Sirenita, El Patito Feo o El Soldadito de Plomo, pero también contenía algunas que no había leído antes. Entre esos había uno que me llamó la atención, porque presentaba una analogía perfecta del tema que estaba describiendo.

El Traje nuevo del Emperador cuenta la historia de un monarca en una tierra lejana al que le gustaban mucho los trajes nuevos, a quien nada le importaba más que estar bien vestido. Un día, dos estafadores visitaron al emperador y le ofrecieron tejer las telas más magníficas para un traje especial que se volverá invisible para cualquiera que no sea apto para su cargo, o que sea inusualmente estúpido.

El emperador pensó que esa podría ser la ropa perfecta para él, ya que le permitiría descubrir cuáles de sus hombres no eran aptos para su puesto y separar a los sabios de los tontos. Entonces, el emperador pagó una gran suma de dinero a los dos estafadores que montaron dos telares y fingieron tejer, aunque en los telares no había nada, y se embolsaron las sedas y el hilo de oro solicitados.

Cada vez que el emperador enviaba un emisario de confianza para supervisar el proyecto, volvía elogiando el trabajo artesanal. Entonces, el emperador fue por sí mismo a confirmarlo y, al llegar, encontró los telares vacíos. Los estafadores se apresuraron a preguntarle al emperador qué pensaba sobre la ropa, y él, como todos los emisarios anteriores, se preguntó si era un tonto o no apto para su cargo debido a ser incapaz de ver la ropa. Así que, para no revelarse como un tonto o inepto para su cargo frente a su séquito, también elogió la obra.

Para celebrar su nuevo atuendo, el emperador desfiló por las calles de la ciudad vistiendo la ropa invisible, hasta que un niño se atrevió a preguntar por qué el emperador estaba desnudo, y todo el pueblo se unió al grito del niño.

Temeroso, el emperador sospechó que tenían razón, pero pensó: “Esta procesión tiene que continuar”, así que caminó con más orgullo que nunca…

 

Y tomando de esta historia de Hans Christian Andersen es como destilamos tres conceptos para explicar la ineptitud de los políticos:

  • No quieren evidenciarse como no aptos para el cargo. Reconocer la existencia de problemas y, aún más difícil, reconocer la incapacidad para resolverlos, pone a los servidores públicos en entredicho por parte de los electores. Y no quieren poner en riesgo sus jugosos sueldos.
  • No quieren aparecer como tontos ante el público. Por eso, casi todos los políticos son incapaces de reconocer sus errores, y seguirán impulsando iniciativas fallidas solo para no quedar como tontos, porque “el espectáculo debe continuar”.
  • En todas las estructuras jerárquicas existe un miedo intrínseco a señalar la estupidez. Es posible que hayamos heredado esto culturalmente de nuestra era monárquica, cuando contradecir al gobernante podía ser castigado con la muerte, pero nos aterroriza expresar nuestro desacuerdo a nuestros superiores. Y este miedo se exacerba proporcionalmente, según cuán autocrático sea el líder de la organización. Hablando de la mayoría de los países del tercer mundo donde los partidos políticos operan como organizaciones criminales, o todavía están gobernados por dictadores, el caso está perdido.

 

Lo triste es que desde abril de 1837 cuando se publicó por primera vez la historia, parece que los políticos han cambiado poco, y seguimos observando el mismo comportamiento desde los tiempos de Hans Christian Andersen, al menos espero que los políticos en su natal Dinamarca hayan cambiado.

Me preocupa que celebremos vivir en esta era de la tecnología de la información, pero no podamos encontrar los hechos básicos para abordar los problemas que afectan a nuestra sociedad. Pero todo el tiempo veo gente peleando en internet como tecno-neandertales, apoyando a su tribu para defender la causa de que su emperador no está desnudo…

Pero ¿cuáles son tus pensamientos? ¿Son estas las causas reales de la ineptitud gubernamental?

M. Ch. Landa

PD. Si quieres leer el cuento completo, visita:

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/CuentosMas/Emperador.pdf

Descubre más escritos sobre estos temas:

¿Te gustó ésta publicación? ¡Compártela!