El Primer Respiro

Esta oscureciendo. El Sol ya se ha ido, el viento se torna frío, y las una vez blancas nueves se oscurecen, iluminadas en la distancia por los relámpagos que hacen al mar turnarse molesto, salvaje, y furioso. Una incontrolable fuerza de la naturaleza que impacta contra los pilastros de madera del muelle sobre el cual estoy parado, las olas con formas de manos tratan de hundir todo, de ahogar a todos. Pero debajo del caos existen aguas tranquilas, oscuras y más pacíficas con cada metro que se desciende.

Me imagino a mi mismo flotando sin movimiento en la zona donde los rayos del Sol no puedan decirme el paso del tiempo. Estar suspendido en el espacio, deseando por desaparecer en la fría oscuridad.

Mi sentir puede ser interpretado como una tendencia suicida, pero es totalmente lo contrario. Yo creo que cuando somos capaces de liberarnos de todo, y despojarnos de la naturaleza de nuestra mente de pensar compulsivamente, entonces seremos capaces de verdaderamente contemplar la existencia con claridad.

La descripción de arriba es una metáfora.

El muelle se asemeja a los cimientos lógicos que hemos creado a lo largo de nuestras vidas. Son las columnas que nos brindan cimientos “sólidos” para dictar nuestros paradigmas y construir nuestra realidad. Los amamos tanto que vivimos aterrados de verlos derrumbarse.

Las olas con forma de manos se asemejan a nuestros pensamientos, la naturaleza de nuestra mente. La mente que cuestiona todo, que disfruta venciendo la lógica con el único propósito de establecer una nueva. Nuestra mente es creativa e innovadora. Nuestra mente es destructiva para poder ser constructiva.

Las profundidades se asemejan a la tranquilidad de la mente. La mente no impulsada por el deseo de actuar sino de la contemplación. Solamente una mente tranquila será capaz de ver los rayos del Sol a través de las nubes densas y de las refractantes aguas.

Ese es el momento en el que la vida es sorprendente nuevamente.

En el momento en el que respirar el aire se siente como la primera vez, cuando nacimos y no existía un muelle en nuestras mentes.

En el momento que estábamos desnudos y con miedo.

Pero estábamos sorprendidos.

M. Ch. Landa

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