Cuarentena: Mirar el Mundo con Otros Ojos

La situación actual que el mundo está soportando debido a la pandemia ahora se conoce dentro del argot financiero como la “Crisis de Cierre” o “Recesión de Cierre”, porque al contrario de las crisis anteriores, esta vez, incluso cuando una persona tiene efectivo y los medios para gastarlo simplemente no puede salir de su casa para hacerlo. Y a nivel personal, para muchos esta restricción, incluso cuando es comprensible, la perdida de libertad se ha convertido en una especie de secuestro dentro de nuestras propias casas.

La mayoría de nosotros depende de descargar contenido de Netflix, jugar videojuegos o simplemente navegar por la web para encontrar algo lo suficientemente interesante como para mantener nuestras mentes ocupadas y hacer frente a nuestra ansiedad y claustrofobia generada por permanecer en el interior de nuestras casas. Tanto las empresas como los gobiernos están haciendo un esfuerzo adicional para virtualizar la mayor cantidad de actividades posible, ahora ya puedes asistir a una feria comercial o caminar por los pasillos de un museo.

La realidad virtual es realmente entretenida, pero ¿estamos listos como seres humanos para tener nuestro cuerpo anclado a nuestra habitación y nuestros ojos navegando al otro lado del mundo?

Los robots, el ciberespacio y los viajes a otros planetas parecían sacados de la ciencia ficción no hace mucho tiempo, pero ahora estamos experimentando la realidad anunciada por los escritores de ciencia ficción desde hace siglos, en la que sus manuscritos detallaban no solo los beneficios de la tecnología sino también las desventajas.

Con respecto a la desconexión de la visión con respecto la fisicalidad del cuerpo, hay una historia corta del escritor HG Wells, titulada El Notable Caso de los Ojos de Davidson, y cuenta la historia de Sidney Davidson, quien después de sufrir una convulsión, sus ojos son testigos de una realidad diferente del lugar donde su cuerpo está ubicado. A través de la historia, el misterio se desarrolla tratando de juntar todas las piezas para identificar el lugar que está mirando y definir si es un lugar real o algo que sale de su imaginación (generado por su cerebro). Pero mientras los estudios y la investigación continúan desentrañando el misterio durante el lapso de semanas, el personaje principal sufre del estrés generado por la desconexión, al tener sus sentidos restantes anclados a su cuerpo, escuchando conversaciones que no puede presenciar, y solo observando a través de sus ojos el idílico destino de una playa de una isla desconocida, que ni siquiera las relajantes olas del mar podrían ofrecer consuelo, y en algún momento el protagonista llega a la conclusión de que su padecimiento “Era mucho peor que estar ciego.”

Finalmente, la historia se resuelve con Davidson recuperando la función adecuada de sus ojos y descubre el misterio de que realmente estaba viendo los eventos a través de los ojos de otra persona ubicada en el otro lado del mundo, ambos sucediendo al mismo tiempo. Los científicos y los médicos se preguntan si el estudio de este caso podría ofrecer una pista del futuro de la interconexión entre dos seres humanos.

Y de cierta manera, eso es lo que estamos viviendo ahora, la tecnología de realidad virtual aún no está tan avanzada para ofrecer una inmersión sensorial total, creando una dicotomía, y al dividir nuestra percepción sensorial, se genera estrés que conduce a la ansiedad, comenzamos a sentirnos desorientados y poco a poco, la experiencia es menos satisfactoria hasta el punto en que se vuelve molesta, lo que nos obliga a chocar con la realidad de que no podemos vivir encerrados en nuestras habitaciones tratando de experimentar el mundo exterior a través de los medios tecnológicos actuales.

El ser humano es social por naturaleza, y tal vez es ese comportamiento escrito en nuestros genes a través de los milenios es el que se resiste a la idea de la incorporeidad de nuestros sentidos. Sin embargo, al presenciar una realidad que poco a poco está empujando al ser humano hacia el autoaislamiento, podría llevar unas pocas generaciones para que nuestro cerebro se adapte por completo y no experimente los síntomas negativos de la enfermedad de Davidson (no me estoy refiriendo a la Enfermedad por Inclusión Microvellosa, también conocida como la enfermedad de Davidson, que es un trastorno genético del intestino delgado, sino a la enfermedad experimentada por Sidney Davidson en la historia corta de HG Wells).

M. Ch. Landa

PD. Ahora que estás encerrado dentro de su casa, lo único que puedo desearte es: que tengas un viaje (virtual) seguro.

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