Afganistán, o El Frankenstein Moderno

El 16 de agosto de 2021, las fuerzas talibanes tomaron el control de Kabul después de casi dos décadas de ocupación de Estados Unidos y la OTAN. Las horripilantes imágenes de los afganos abarrotando los aeropuertos para abandonar el país, prefiriendo aferrarse al fuselaje de los aviones que partían y dejarse caer a sus muertes seguras en lugar de quedarse, antes habían pertenecido únicamente al imaginario de Hollywood. Una realidad más aterradora que la ficción, sin duda.

En Internet, la mayoría se ha apresurado a mostrar los “horrores” y la “maldad” detrás del régimen talibán. Pero como cada vez que veo personas señalando los errores de otros desde el púlpito de la justicia, me hace preguntarme, si hubiéramos nacido en la piel de los acusados, ¿habríamos conocido algo mejor?

Quizás en los paralelismos con la ficción podamos encontrar la clave para desentrañar los horrores detrás del monstruo.

 

Parte I: Un monstruo hecho de muchos (y por muchos).

Frankenstein, o El Prometeo Moderno, es la novela de terror gótica escrita por Mary Shelley, publicada por primera vez en 1818, cuenta la historia del Dr. Víctor Frankenstein, quien tras el fallecimiento de su madre, se encierra en sus experimentos como mecanismo de afrontamiento del duelo. Su experimentación lo llevó al descubrimiento de una técnica secreta para impartir vida a la materia no viviente, que utiliza para crear un humanoide. Incapaz de reproducir todas las partes diminutas del cuerpo humano, Víctor creó su criatura a partir de las partes recolectadas de cementerios y mataderos. Tras la animación de la criatura inteligente, Víctor se dio cuenta de que, a pesar de su intención de dotar a la criatura de belleza, se había vuelto espantosa. Repulsado por su trabajo, Víctor huye, abandonando a la criatura.

Afganistán, al igual que la “criatura” de la novela de Mary Shelley, comparte un origen enrevesado, multifacético y complejo. Debido a su ubicación geográfica estratégica, el país ha sufrido múltiples invasiones militares e ideológicas a lo largo de los siglos, como pocos países en todo el mundo.

Hablando de religiones e ideologías, Afganistán ha pasado del zoroastrismo al helenismo impuesto después de Alejandro Magno, el hinduismo y el budismo durante el Imperio Kushan, luego al islamismo impuesto por los conquistadores árabes, solo para ser suplantado por el tengrismo durante la ocupación mongola, seguido por un largo período de imperialismo persa, luego el comunismo secular y finalmente un gran resurgimiento del islam durante los últimos tiempos.

Como mencioné brevemente antes, Afganistán ha sido invadido varias veces a lo largo de su historia y, lo que es más notorio, se convirtió en el epicentro de “El Gran Juego” durante el siglo XIX, una confrontación política entre los imperios británico y ruso por la conquista de la región de Asia central que derivó en tres guerras anglo-afganas para evitar que el Imperio ruso tomara el control del Golfo Pérsico y el Océano Índico mediante la creación de un protectorado que rodea la India británica.

Durante la segunda mitad del siglo XX, la historia se repitió. Pero esta vez los protagonistas fueron Estados Unidos y la Unión Soviética bajo el velo ideológico de la Guerra Fría, con ambas naciones comprando favores de Afganistán proporcionando ayuda económica para la infraestructura del país como medio para ejercer influencia sobre el gobierno hasta un sangriento golpe de estado del partido comunista en 1978, desencadenando una guerra civil liderada por los muyahidines, o guerrillas islámicas, apoyadas por Estados Unidos a través de Pakistán.

Después del evento largo, sangriento, costoso y demandante de recursos que resultó ser la Segunda Guerra Mundial, las superpotencias dominantes en el este y el oeste habían aprendido que no podían sostener otra guerra de tal magnitud. Se dieron cuenta de que era mejor si “alguien más” combatiera sus guerras y absorbiera las bajas, lo que conducía al advenimiento de guerras por poderes. El odio ya estaba ahí. Solo tenían que alimentarlo adecuadamente y proporcionar los medios para llevar a cabo su venganza, y las superpotencias podían permanecer envueltas en las sombras, cosechando los beneficios.

Durante este período, Estados Unidos no solo proporcionó armas y entrenamiento militar a los soldados muyahidines, sino que ellos sabían a través de la experiencia del colonialismo británico en África que no había ningún soldado más feroz y comprometido con la causa que los fanáticos religiosos. Estados Unidos ayudó en la radicalización de los soldados muyahidines, mientras se cumpliese con el propósito de luchar contra su enemigo, la Unión Soviética, pero al igual que el Dr. Víctor Frankenstein, cuando las cosas se tornaron horribles, sintiendo repulsión por su trabajo, Estados Unidos abandonó a la criatura.

 

Parte II: Un monstruo aprende (o se le enseña) cómo ser un monstruo.

En la novela de Mary Shelley, la gente se refiere a la “criatura” como un monstruo, simplemente por ser físicamente diferente. Elevándose a dos metros y medio de altura, “con ojos blancos llorosos y piel amarilla que apenas oculta los músculos y vasos sanguíneos debajo”, parecía extravagante y antinatural para la mayoría de los habitantes de esa época, lo que obligó a la criatura a recluirse en el yermo. La criatura finalmente encontró un refugio en una estructura abandonada conectada a una cabaña habitada por una familia pobre, de quien la criatura les tomó cariño hasta el punto de recolectar leña y limpiar la nieve de su camino. La criatura vivió en secreto junto a la casa durante meses. Aprendió a hablar escuchando a la familia y aprendió a leer por sí mismo con los libros que encontró. A medida que se apegaba a la familia, un día la criatura se acercó a la familia con la esperanza de convertirse en un amigo. Lo hizo cuando solo estaba presente el padre ciego, y ambos charlaron cómodamente hasta que regresó la familia del hombre. El hijo del ciego, horrorizado, lo atacó y la criatura huyó. La familia abandonó la casa, temiendo que la criatura pudiera regresar. Y la criatura perdió la esperanza de ser aceptada por los humanos. Y ¿cómo no lo haría? Si había mirado su reflejo en un estanque, y lo que vio lo horrorizó tanto como a los humanos. Al leer el diario de Víctor que se encuentra dentro del bolsillo de la chaqueta que había robado antes de abandonar el laboratorio, la criatura se enteró de todo sobre su creador. La criatura odiaba a su creador por abandonarlo y creía que él era el único responsable de ayudarlo.

Para la gente de todo el mundo, la palabra talibán es sinónimo de terrorista, pero lo que la mayoría no sabe es que significa “estudiante”. Muchos soldados muyahidines comenzaron sus carreras como estudiantes en madrazas, que son escuelas islámicas, de las que se seleccionaron los más “aptos”. Estos individuos fueron primero radicalizados teológicamente para encarnar las ideologías más fundamentales y ortodoxas del islam, y una vez que estuvieron listos, reclutados por grupos como el liderado por el saudí Osama Bin Laden, financiado no solo por el frente de liberación islámica sino también por los Estados Unidos como mencioné con anterioridad.

El islam, como la mayoría de las religiones del mundo, tiene muchos grados de interpretación y niveles de adherencia a los textos entre las muchas personas que siguen las enseñanzas de Mahoma. El Corán no es exhaustivo al detallar todos los comportamientos esperados de la humanidad, y la mayor parte del corpus de la sharía, que es la ley que abarca todos los mandamientos del islam, se ha ampliado a partir del texto original de Mahoma. Muchos de estos cambios comenzaron como una fatua, “una opinión legal no vinculante sobre un punto de la ley islámica dada por un jurista calificado en respuesta a una pregunta formulada por un particular, un juez o un gobierno”, pero teniendo esto en el trasfondo de un país sin separación de religión y estado, las fatuas pueden remodelar rápidamente el panorama político y religioso de un país siempre que cuenten con el respaldo de suficientes adeptos.

Los intereses perversos corrompen a la gente en todas partes, y el islam no es la excepción. Los líderes religiosos talibanes tomaron el significado de la palabra yihad, que significa “lucha” o “esfuerzo” y se refiere al viaje interno del creyente para vivir con la fe musulmana en su connotación más intrapersonal, y la enfocaron en la connotación más belicosa, trazando paralelismos con la persecución sufrida por Mahoma, y ​​la lucha de una guerra “santa” contra todos los incrédulos.

Al igual que con la criatura de Frankenstein, los talibanes abandonaron la idea de una propagación pacífica del islam y, al mirarse a sí mismos, se dieron cuenta con horror de cuánto se habían desviado de las enseñanzas fundamentales de Mahoma debido a las múltiples intervenciones extranjeras. Una invasión que no solo había causado la muerte de cientos de miles de afganos y profanado su suelo sagrado, sino que había incrustado una cultura que amenazaba la base del islam: bajo el intervencionismo estadounidense, la juventud afgana quería ser como David Beckman en lugar del profeta Mahoma.

 

Parte III: Un monstruo no honra a ningún maestro.

En la novela de Mary Shelley, la criatura, en su búsqueda de venganza contra su creador, mata al hermano de Víctor, William, e incrimina a su niñera por el crimen. La criatura le exige a Víctor la creación de una compañera como él, argumentando que tenía derecho a la felicidad y prometiendo que ambos desaparecerán en las selvas de América del Sur para no ser vistos nunca más. Pero si Víctor se rehusaba, la criatura mataría a sus seres queridos. Temiendo por su familia, Víctor acepta a regañadientes, pero a medida que avanza con la creación, teme que esta nueva criatura pueda volverse más malvada que la anterior, y que ambos puedan engendrar una raza que podría plagar a la humanidad, por lo que Víctor hace pedazos a la criatura femenina inacabada. La criatura se enfrenta a Víctor, quien se niega a cumplir con sus demandas, y la criatura se va, amenazando a Víctor con que estaría allí para su boda. La criatura cumple su advertencia y mata a la esposa de Víctor al día siguiente de la boda. Con el corazón roto, Víctor persigue a la criatura por Europa, Rusia y el ártico, convencido de que tomar de regreso la vida que le había dado a la criatura era la única forma de acabar con todo.

Uno de los temas principales que se discuten en Frankenstein es la exploración de la maldad. Podríamos discutir si la criatura fue un monstruo desde su concepción, y solo era una bomba de tiempo esperando un estímulo para explotar. De la misma manera, podríamos argumentar que la humanidad es intrínsecamente malvada, y nacemos malvados, solo esperando el evento que desencadenará nuestra crueldad, o, por otro lado, que la acumulación de experiencias terribles de la vida da forma a los malhechores.

Por su asociación con el terrorismo, los talibanes han sido considerados malvados y bárbaros para la gran mayoría del mundo. Pero ¿son realmente malvados? Los talibanes han matado, al igual que lo hizo la criatura de Frankenstein, y de manera similar, los talibanes confrontaron a sus creadores, los Estados Unidos, con una serie de acusaciones y demandas, expresadas por Osama Bin Laden, según lo relatado en el libro Al Qaeda de Jason Burke:

  • Retirada de las tropas estadounidenses de Arabia Saudita.
  • Una reforma sanitaria, económica y fiscal del Reino de Arabia Saudita.
  • Levantamiento de las sanciones a Irak impuestas por Estados Unidos.
  • Poner fin a la opresión de palestinos, chechenos y cachemires.

Además, Osama Bin Laden acusó a Estados Unidos de:

  • Usar bombas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial.
  • El desarrollo continuo de Armas de Destrucción Masiva.
  • Numerosas violaciones de los derechos humanos.
  • El apoyo de Israel.
  • Destruir sus hábitats al contaminar con residuos industriales.
  • Y finalmente, dejar un mundo casi habitable para los niños.

¿Considerarías infundadas las acusaciones? ¿O sus demandas como bárbaras?

Sin embargo, algunos de los adjetivos que he leído y que la gente usa para describir a los talibanes son “primitivos”, como si resaltaran su propensión a sucumbir a los instintos básicos, o “incivilizados”, específicamente asociados a la comprensión de la ética y la moral alcanzada como parte de modernidad. Y asociamos estos adjetivos al islam como religión, más allá de los talibanes.

Actualmente, los temores internacionales se centran en el tipo de vida que los talibanes darán a sus mujeres, temerosos de que las hagan retroceder cientos de años en el pasado, aboliendo la libertad que las mujeres habían ganado durante los últimos años. Todos se apresuran a enfatizar la pérdida de libertad como un subproducto de una pérdida en la modernidad, como si Estados Unidos al alejarse de Afganistán y tomara consigo su capitalismo fuera la razón principal del regreso a la “edad oscura” del islam radical.

Sin embargo, como mencioné al principio, el islam tiene muchos grados de interpretación y niveles de adherencia a los textos, y el islam radical y la modernidad no están correlacionados negativamente. Prueba de ello es que Arabia Saudita, la nación islámica que más de cerca ha abrazado el capitalismo, no permitió que las mujeres condujeran hasta hace poco y, en contraste, Pakistán, a menudo considerado como la cuna del islam radical y el terrorismo, eligió a una mujer, Benazir Bhutto, como primer ministro en 1988.

Es incierto adivinar cuál será el resultado de la recuperación del poder por parte de los talibanes en Afganistán, pero según la novela de Mary Shelley, Estados Unidos, al igual que Víctor Frankenstein, parece que todavía tiene muchos pecados que expiar.

Lo que todavía me sorprende en este punto es el “ingenuidad” de esas naciones que crean monstruos para hacer el trabajo sucio y creen que las creaciones nunca se volverán contra sus amos. Esto ha sucedido innumerables veces a lo largo de la historia, la más reciente a Israel ayudando a crear a Hamas, sin embargo, como humanidad, no parece que aprendamos la lección.

 

Conclusión

Siempre me sorprende la noticia del derramamiento de sangre y la violencia en el Medio Oriente, me preocupa el sufrimiento de mis hermanos y hermanas, y esa búsqueda eterna de la paz inalcanzable. También creo que la mayoría de las tropas estadounidenses se dedicó genuinamente durante casi veinte años, con la esperanza de cambiar la vida del pueblo afgano para siempre. Pero también, como dice el proverbio, “el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones”, y cuando esas intenciones son orquestadas por contratistas militares estadounidenses preocupados solo por las ganancias, y tal vez siguieron el libro de jugadas de Expansión de Centroamérica de la CIA, con el despliegue de “contras” y la instauración de un gobierno títere, ¿por qué esperaríamos que el resultado fuera diferente?

Y es cuando me pregunto: si adoctrinaron a los talibanes en las aulas de las madrazas, ¿por qué Estados Unidos no inició su restauración con los estudiantes? ¿Por qué no enviar maestros y filósofos a librar guerras ideológicas y teológicas en lugar de soldados? ¿Por qué no confiar en la empatía, en el intercambio de ideas, en la comprensión de nuestras diferencias?

Veinte años eran más que suficientes para criar una nueva generación de afganos con mentalidad independiente, que incluso dominados por el ejército de radicales ayudaría a gestar un cambio desde dentro durante los próximos años.

Pero lamentablemente, perdimos la oportunidad.

M. Ch. Landa

Foto de Hedayatullah Amid

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